El Internet de las Personas

Publicado el 04/07/2014

El Internet de las Cosas y la Smart City

Big Data, Internet de las Cosas, Open Data, M2M, SmartCities… todos ellos son conceptos de los que diariamente se habla largo y tendido. Son áreas, ideas, paradigmas que se solapan, se apoyan, se necesitan para explicarse y para darse sentido.
La SmartCity se nutre del internet de las cosas, del M2M, del Open Data. El Open Data de M2M, Big Data y sirve a la SmartCity. El Big Data debería ser en su mayor parte Open Data, ya que buscamos en mayor o menor medida, el Open Government (vaya, otro concepto) y además también recoge datos del Internet de las Cosas.

El Internet de las Cosas… Este es el concepto que probablemente provoque la mayor revolución desde la aparición del sistema binario y las computadoras. La tecnología que dará una nueva dimensión y un desarrollo infinito a todos los demás conceptos (¿el Big Data pasará a llamarse Big2Data?)

IPv6 ya lo tenemos aquí desde hace un tiempo y puede dar nombre único a cualquier objeto, exactamente a 340.282.366.920.938.463.463.374.607.431.768.211.456 . Ya, ya, ¿esto es lo “fácil”? ¡pero también lo imprenscindible! Recordad que nominar es dar una identidad (nada más y nada menos) y por lo tanto, generar una nueva fuente de información de la que también conocemos el origen.

¿Entonces dónde está el problema? ¿Por qué no se ha producido ya esa nueva revolución digital? Poco a poco. Las revoluciones son rápidas, pero el camino hasta que se den las condiciones necesarias para que se desencadenen puede ser lento, muy lento.

En qué punto estamos del camino es algo que ya sabemos, el momento del desencadenante es algo que solo intuimos.

Uno de los puntos críticos es dotar al Internet de las Cosas de un sistema eficiente en cuanto al abastecimiento de energía de los sensores y antenas. Es todo un problema la alimentación energética de cada uno de los sensores y el número de repetidores necesarios para cubrir todo un área, que a fin de cuentas es toda la superficie existente. Si los sensores se alimentan con baterías tradicionales en un entorno no adaptado al nuevo concepto de Internet de “todas las cosas”, hay que cambiar esas baterías con una alta frecuencia, y por lo tanto, no sería un sistema escalable. Imaginad el ejército de operarios necesarios solo para esta tarea. Lo más probable es que la mitad de sensores acabasen desabastecidos, bien por problemas de mano de obra, por imprecisiones en la organización, por recortes de presupuesto… recordemos que el sensor es la base del sistema, el que da nombre al objeto, el que emite la información.

Pero esto tampoco es un problema ¡nosotros tenemos una solución! La resolución de problemas técnicos, la mayoría de las veces es cuantificable en tiempo y en presupuesto, dos variables que se influyen mutuamente de forma inversa. Entonces ¿qué falta para el tan esperado desencadenante? El pasado 10 de Junio se celebró en Madrid la primera edición del startup4Cities. Este fue su “Claim”, el cual podéis leer todavía en su web:

«Si has desarrollado una idea innovadora para mejorar tu ciudad y te gustaría probarla en un escenario real, ésta es tu oportunidad. Representantes de más de 50 municipios españoles escucharán tu propuesta, la valorarán y, si se interesan por ella, te ofrecerán sus ciudades como laboratorio urbano. ¿Hay un premio mejor? ¡PARTICIPA!»

¿No es toda una declaración de intenciones? “¡PARTICIPA!”, dice al finalizar, “nosotros ponemos la ciudad como laboratorio”. Cada vez más se recurre más al concepto de startup, entendido tal cual se entiende en Sillicon Valley: método lean, productos mínimos viables, ideas frescas de equipos con iniciativa, sacrificio, talento y mucha pasión. Es en los proyectos de personas como las que se presentaron a este evento en donde ha de darse el desencadenante de la nueva revolución digital del internet de las cosas. Puede que no lo sea a partir de un solo proyecto, pero la suma de ellos hará visible algo que todavía no lo es. Hay que tener en cuenta que este tipo de proyectos están enfocados directamente a solucionar un problema concreto del ciudadano. Un problema que el ciudadano reconoce como suyo en primera persona y que además la solución a ese problema se le presenta por lo general empaquetada en una estupenda y gratuita App muy gratificante y sencilla de usar desde su smartphone, la llave de su SmartCity.

Y es que no hay que olvidar que las personas son las que catalizan el cambio, por eso “El Internet de las Cosas” será “El Internet de las Personas”

 

 

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